Miss Sarajevo

El avión aterrizó de manera convulsa en el aeropuerto de Sarajevo. Más de una vez me veo estrellándome en alguna de las numerosas montañas que rodean la ciudad. Mi compañera de asiento sonríe nerviosamente, “ todos los aterrizajes en Bosnia son así, siempre hay nubes y mal tiempo” , y yo no puedo más que esbozar una forzada sonrisa de despreocupación.

Me impresionan las cicatrices de la guerra que aún perduran en la ciudad. Edificios agujereados por los morteros, granadas y balas que sangran por heridas que no se acaban de cerrar. En el suelo, las rosas de Sarajevo, o huellas de explosiones pintadas de rojo que se asemejan a una obra de arte nacida del horror. Placas que recuerdan muertes: la masacre del mercado, los niños que perdieron la vida en el asedio, la primera víctima de la guerra tiroteada en el puente,…testigos mudos de una ciudad que se recupera trabajosamente pero con dignidad de los años de la barbarie.

Pero no me quedo con eso.

Me quedo con las panaderías que abren las 24 horas del día para que los bosnios, alivien sus ebrios estómagos de dulces, bollos y panes después de una noche de copas por los alegres establecimientos que salpican la ciudad

Con las mezquitas y la paz que se respira en su interior, los cánticos que llaman a la oración y que se escuchan por toda la ciudad, sus lamentos resonando por sus calles, más claros que nunca cuando el atardecer tiñe de rojo el cielo

Con Mostar, brillante e impresionante, sus callejuelas, el puente desde el que se lanzan los chavales para impresionar a sus chicas,

Su cerveza, el chevap, el queso, la trucha, el barroquismo kistch del Golden Fish Café y los frugales desayunos del Biban

El nacimiento del río Buna, con sus aguas frías y cristalinas que bebo entusiasmado

Pociteld, la montaña Jahorina que una vez vio todo unos Juegos Olímpicos de invierno poco antes de que los esquíes dejaran paso a los tanques

sus influencias turcas y persas

Con sus besos, sus caricias, su paciencia con mis silencios y su inteligencia que me fascina, sus ojos azules saludándome por las mañanas y sus labios susurrándome en mis oídos por las noches

Me despido de Miss Sarajevo con lágrimas en mi corazón y morriña infinita

Me persiguen las noches solitarias en las que aún escucho los cánticos de las mezquitas, mis labios saben a los suyos, el queso salado en la nevera que se consumirá con el tiempo, como nuestros sueños y nuestras esperanzas; mis abrazos buscan los suyos y mi memoria invadida por sus recuerdos quiere mirar hacia delante pero no encuentra el camino.

Una vez tuve el sueño más bonito de mi vida. Soñé con Miss Sarajevo, y sus abrazos olían a pan recién hecho, sus besos a queso salado, su cuerpo suave como las alfombras persas, sus ojos irradiaban inteligencia.

Y mi despertar, el más amargo

Dedicado a M

Acerca de Mirko

Alguien que no sabe a dónde va
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Una Respuesta a Miss Sarajevo

  1. Rebe dijo:

    Me ha parecido un retrato realmente fascinante el que le dedicas a Miss Sarajevo, absolutamante precioso. Un beso, amigo.

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